Bucear, algo innato

Hace prácticamente un mes que no me dejo ver por aquí y no es de extrañar: las 3 semanas de relax en casa, Canarias, han tenido mucho que ver. Pero ya estoy de vuelta a la rutina y para hacerla más llevadera es hora de hablar de una de las experiencias más preciosas que he vivido en mucho tiempo: bucear.

Como ya había contado hace un tiempo, hice mi primer bautizo allá por Semana Santa y sin contar con los problemas de compensación, no se me dio nada mal. Lo disfrute y me gustó más de lo que hubiera imaginado a pesar de que siempre he sentido mucha atracción por el buceo y había hecho mis pinitos con el snookel.


Pues en esta ocasión pude hace otro bautizo en Tenerife, concretamente en la Playa Tabaiba, donde quienes bucean pueden ver un barco hundido como si de una película se tratara. Entonces aprendí lo que era el pecio: dícese de un fragmento o pedazo de la nave que ha naufragado.


Me habían avisado que ver el barco podría marearme por la impresión que da al no estar totalmente apoyado en el fondo, pero para nada sentí mareos y disfrute por sus alrededores como una niña chica.


Quería tocarlo todo: desde los peces que veía, las pequeñas anguilas que asomaban desde agujeros del fondo, las estrellas de mar, las piedras en todas sus formas, los moluscos de colores brillantes, hasta un bicho que de no ser por los guantes que llevaba podía haber acabado mal…


Pero lo más bello de todo fue como entra la luz del Sol al fondo del mar. Podía estar con la cabeza alzada y admirando esos colores la mayor parte del tiempo. Ver cómo las burbujas que sueltan nuestras botellas se escapan hacia la luz, es precioso.


Después de todo había sentido como que bucear lo llevaba haciendo toda mi vida. Me sentí cómoda al 200% y no tuve ni siquiera problemas con la compensación. En la siguiente foto veréis no hay impedimento para hacer yoga a 21 metros de profundidad y más de 8 kilos encima 🙂


Hay quien le tiene miedo al mar. Yo digo que hay que tenerle respeto como a cualquier lugar en el que se imponga la naturaleza. Si vas a bucear siente ese respeto y estate preparada para verte rodeada de la belleza que conserva el lugar de donde venimos, el mar.

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