Cómo superé con éxito mi bautizo en buceo

Ya iba siendo hora de que buscara un hueco para hablar de mis últimas vacaciones en casa, Canarias. Para empezar han sido 10 días que han cundido tanto como si se hubiera tratado de medio mes allí, y todo lo nuevo que he hecho merece una mención especial, por lo que voy a comenzar por oden hablando de mi bautizo en buceo.

Nada más pisar Gran Canaria mi hermana me propuso un plan de esos que no sabes si rechazar por ser una locura precipitada o bien decirla que sí porque la locura pintaba muy bien. Se trataba de irnos a Tenerife durante todo el fin de semana, donde podría realizar mi bautizo. La verdad es que cada vez me sorprende más el sentimiento que me despierta el mar, verlo desde la orilla, estar dentro de él.. por eso me resultó muy difícil ver los “contra” del improvisado  plan de mi sister. Allí fuimos.

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Templo Radikal – Puertito de Guimar (Tenerife)

Hay situaciones que hasta que no te encuentras en “el meollo” no crees que van a pasar. Esto es lo que sentía mientras me ponía el chaque en la Escuela de Buceo Templo Radikal.

buceo

El tiempo, como es costumbre en Tenerife, no acompañaba mucho: estaba un poco nublado y hacía viento.

buceo 2

No tardé mucho en tener mi equipo listo y me enseñaron las 3 cosas más importantes que debía saber:

  1. Cómo funciona la válvula de la botella para expulsar agua de la boca.
  2. Cómo decir que estoy bien o que necesito subir arriba.
  3. Cómo compensar la presión de los los oídos. Sin duda lo más difícil y ahora cuento por qué.

Una piensa que el agua estará helada y no. En ningún momento sentí frío, tal vez el chaque me abrigó muy bien o tal vez era la emoción de la experiencia. Con las aletas y gafas puestas solo quedaba relajarse y disfrutar.

No me resultó complejo respirar solo por la boca, dado que ya que cuando vivía en Canarias practicaba frecuentemente snorkel (en su día sí que me costó acosumbrarme). Sorprendentemente la primera sensación es  lo difícil que resulta mantenerse en posición horizontal. Aleteaba de lado todo el tiempo, y en alguna que otra ocasión me viraba hacia arriba cual cucarracha muerta.

Las complicaciones vinieron cuando empezamos a sumergirnos. Tal vez eran 2 o 3 metros los que habíamos recorrido en vertical y mi oído izquierdo me  empezó a doler demasiado. No hacía más que compensar la presión de ambos oídos mediante un método conocido como Valsalva: para ello cierras los orifios nasales con dos dedos y expulsas el aire por los oídos. Con el derecho lo había conseguido sin ninguna dificultad, pero el otro lado… ufff.

Tuvimos que subir 3 veces a la superficie porque no me encontraba bien en este sentido. Pensaba que iba a terminar con un timpano reventado… pero la cuarta fue la vencida, y lo logré. La paciencia y el asegurarme bien de que estaba tapando mi nariz salvaron el momento.

No sé cuánto tiempo estuve allí abajo, pero lo disfrute al máximo. Espero volver pronto a los fondos marinos.

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